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jueves, 3 de julio de 2014

CÁTULO CASTILLO: El gran poeta de una gran época argentina...

CÁTULO CASTILLO (1906-1975)

El gran poeta de una gran época

“Cuando mi padre tenía 20 años robó a mi madre y se casó con ella. La sacó de los
alrededores de La Plata donde mi abuelo trabajaba en un stud como cuidador. Fue a comienzo del año 1905.
Se fueron a vivir a Buenos Aires a una casita de la calle Castro 947. Yo nací el 6 de agosto de 1906, a las cinco de la tarde. Caía una lluvia tremenda y hacía un frío de la madona. Mi padre trabajaba en los Tribunales, y un amigo suyo, Edmundo Montagne, también poeta, le avisó: “Pepe, ha nacido tu hijo Cátulo”. Ese amigo ya tenía previsto el nombre. Mi padre corrió a la casa, me quitó de al lado de mi madre, me sacó los pañales, salió al patio, me puso debajo de la lluvia y exclamó: “¡Hijo mío, qué las aguas del cielo te bendigan!”…”

Como Discépolo, al igual que Homero Manzi y otros representantes auténticos del arte popular, Cátulo Castillo fue bastante más que un mero poeta de tango.

Nacido en la calle Castro al 900 de Buenos Aires – el 6 de agosto de 1906 – vivió parte de su infancia en Chile, donde su padre, el dramaturgo José González Castillo, debió exiliarse a causa de sus ideas libertarias.

Ya afincado en Buenos Aires, en 1923, compone “Organito de la tarde”, su primer tango. Por la misma época practica boxeo, llegando a ser campeón argentino de peso pluma y preseleccionado para las olimpíadas de Ámsterdam. En 1926, con las regalías de sus tangos, viaja por primera vez a Europa, donde luego va a dirigir su propia orquesta.

A principios de la década del ´30, otra vez en Buenos Aires, obtiene por concurso una de las cátedras del Conservatorio Municipal Manuel de Falla. Ante la hostilidad de sus colegas que lo menosprecian por ser músico de tango, se repliega en los estudios musicales. Hacia 1950 llegará a ser director de dicho conservatorio, cargo con el que se jubiló.

En los ´40 y 50´, cuando el tango vuelve a alcanzar el auge de antaño, se consagra a la poesía y escribe con los compositores más destacados: Mores (“Patio de la Morocha”), Pontier (“Anoche”), Pugliese (“Una vez”), Piana (“Tinta roja” y “Caserón de tejas”), y su gran colaborador desde 1945: Aníbal Troilo (“María”, La última curda”, “Una canción”).

En esos años se dedicó al periodismo en diversas revistas, publicó el libro “Danzas Argentinas” (1953), hizo canciones para distintas películas, escribió el sainete lírico “El Patio de la Morocha” (con música de Troilo), fue secretario y presidente de SADAIC en distintos ciclos.


En 1953, ante las iras de la crítica oligárquica, fue designado presidente de la Comisión Nacional de Cultura de la Nación.

Ernesto Sammartino, el radical unionista que bautizó a las masas peronistas como “aluvión zoológico”, se lamentaba entonces en un diario de Montevideo: “El país que produjo a Sarmiento, Guido Spano, Lugones, Almafuerte, Hernández, Rojas y tantos otros escritores y poetas famosos, sufre hoy el ludibrio de tener como máximo representante de su cultura al autor del sainete “El patio de la morocha”.

En 1955, Cátulo Castillo poeta depuesto – como Marechal, como Rega Molina o Vaccarezza -se va a replegar con Amanda, su mujer y los incontables perros que solía recoger de la calle, a una casita del Gran Buenos Aires, en la ciudad Evita, que a partir del 55 toma el nombre de Ciudad General Belgrano.



La esposa de Cátulo , Amanda Pelufo, se refiere en estos términos a aquella época: “Lo teníamos todo y de pronto, en 1955, nos quedamos sin nada. Cayó Perón, llegó la Libertadora y a Cátulo lo echaron de todas partes. Ya no pudo tener cátedras, ni dirigir SADAIC, ni estar en Cultura. Ni siquiera pudo cobrar sus derechos de autor porque SADAIC, precisamente, fue intervenida. En el peor momento hasta llegaron a prohibir que se pasaran sus temas por radio. No le perdonaron nada. Para empezar que un tanguero estuviera en Cultura. Después que haya sido el primero en llevar el tango al Colón… Vendimos todo y nos recluimos. Cátulo escribía tangos, pintaba al estilo de Quinquela y sobre todo descubrió su amor por los animales. Llegamos a tener 95 perros, 19 gatos y dos corderitos: Juan y Domingo”.

Con el deshielo de los 60, vuelve a plena actividad. De esa etapa es “Y a mi qué”, una radiografía del momento político. Ya la época de oro del tango ha pasado, pero él sigue componiendo, escribiendo guiones radiales, trabajando en SADAIC. Publicó la novela “Amalio Reyes un hombre”, que llevó al cine Hugo del Carril. También publicó “Prostibulario”, acerca del cual se cartea con Perón, en 1971. Su obra resulta indiscutible por el éxito alcanzado: “María”, El último café”, “La última curda”, “La Calesita”, “Café de los Angelitos”, “Desencuentro”, “Y a mi qué”, “El trompo azul”, “La cantina”, “A Homero”, “Arrabalera”, “Mensaje”, “Tinta roja”, “Patio mío”, “Caserón de tejas” y tantos otros. Por eso – más allá de resquemores por sus posiciones políticas – en 1974, la Sala de Representantes de Buenos Aires lo designa ciudadano ilustre de la ciudad.

Al recibir el galardón, Cátulo relató esta breve fábula: “El águila y el gusano llegaron a la cima de una montaña. El gusano se ufanaba de ello. El águila aclaró: `Vos llegaste trepando, yo volando´. ¿Pájaros o gusanos? – inquiría Cátulo – he aquí una pregunta clave”. Que él supo responder, ejemplarmente a lo largo de su trayectoria.

Fallece el 19 de octubre de 1975.



CÁTULO CASTILLO por Julio Nudler

Recorrió con sus letras los temas que siempre obsesionaron al tango: la dolorosa nostalgia por lo
perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida. No tuvo en cambio espacio para el humor ni para el trazo despreocupado, y tampoco para el énfasis rítmico de la milonga. La palabra último figura en varios de sus títulos, como dando testimonio de ese desfile de adioses que atraviesa sus letras, donde hay siempre compasión por quienes padecen y un frecuente recurso al alcohol como fuga. Cátulo no se dio, como letrista, un perfil definido, en lo cual se parece más a Enrique Cadícamo que a Homero Manzi. No alcanza a menudo la calidad poética de éste ni el lacerante poder de observación de Enrique Santos Discépolo, pero enalteció al género con una obra vasta e influyente, siendo también notable su aporte como compositor.

Aunque su obra de músico no sea la que nos ocupa en esta semblanza, es justo recordar que, en su juventud, Cátulo concibió páginas de gran hermosura, varias de las cuales llevaron letra de su padre, José González Castillo, talentoso comediógrafo y dramaturgo de ideas anarquistas, que hasta debió exiliarse por unos años en Chile, llevando a su pequeño hijo, para escapar de la represión. Tangos como el imperecedero "Organito de la tarde" (que concibió cuando contaba 17 años), "El aguacero", "Papel picado", "El circo se va" y "Silbando" (en colaboración con Sebastián Piana) dan cuenta del único caso de semejante comunión creadora entre padre e hijo en la historia del género. También con otros letristas escribió páginas trascendentes, como "La violeta", con el poeta Nicolás Olivari; "Corazón de papel", con Alberto José Vicente Franco, o "Viejo ciego", con Manzi (y en colaboración con Piana), entre otras. Un dato asombroso es que Cátulo haya podido ser, al mismo tiempo que inspirado músico y poeta, un boxeador de renombre, que llegó a conquistar el título de campeón argentino de peso pluma.


El compromiso político con los explotados inspiró una de sus obras tempranas, "Caminito del taller". Ese tango, que Carlos Gardel grabó en 1925, le pertenece a Cátulo en letra y música. Describe en él, con enorme sensibilidad, el triste destino de una costurerita enferma, a la que observa pasar rumbo al trabajo en las mañanas invernales con su fardo de ropas. Así como creó con ésta una composición clave dentro del tango de protesta social, Cátulo también aportaría obras emblemáticas para otras tesituras.

Tal el caso de "Tinta roja", de 1941, con música de Piana, donde se funden en la añoranza el barrio y la propia infancia. «¿Dónde estará mi arrabal? ¿Quién se llevó mi niñez?», pregunta su protagonista. De ese mismo año, y de la misma pareja autoral, es "Caserón de tejas", un hermoso vals que llora las mismas pérdidas y, dentro del repertorio de compás ternario, es también una obra sobresaliente.



De otro carácter es "María", con música de Aníbal Troilo, creado en 1945. Poema intensamente romántico, que evoca un amor encerrado entre dos otoños, puede ser elegido para representar toda aquella corriente sentimental que bañó al tango durante la década de los '40, con influencia del bolero y con el papel protagónico del cantor de orquesta, que seducía al público femenino con su voz, sus temas y su estampa. Aunque el amor sigue siendo fuente de penas y sinsabores, ya no hay en estas historias perversidad ni traiciones. Su lugar suele tomarlo el misterio: «Un otoño te fuiste, tu nombre era María, y nunca supe nada de tu rumbo infeliz...», versea Cátulo.

Aunque haya sido un letrista decisivo en aquellos años, el liderazgo poético del género lo alcanzaría recién en la década del '50. Es preciso recordar que en 1951 murieron Discépolo y Manzi, que Cadícamo había reducido mucho su producción, como también ocurrió con José María Contursi, y que sólo Homero Expósito, entre los máximos nombres de las letras tangueras, intentaba renovarse a sí mismo, aunque su mejor inspiración ya había pasado. Claramente, fue Castillo quien dominó el panorama y tuvo el mérito de abrir nuevos caminos, que sin embargo se irían borroneando con la declinación que sufrió el tango desde finales de aquella década. Por otro lado, los vanguardistas, con la magna excepción de Astor Piazzolla, concentraban su interés en el tango instrumental.

Aunque Cátulo siguió escribiendo en la línea evocativa, con tangos como "Patio mío", "Patio de la morocha" o "El último farol", lo mejor de su nueva producción no estuvo allí. Cerca ya de sus cincuenta años, sus letras comienzan a expresar una actitud desesperada ante la vida. Es con esos tangos de la desesperación, impregnados de sensualidad y de filosofía, que construye el último apogeo poético del género, irguiéndose por encima de sus contemporáneos. "La última curda", de 1956, con música de Aníbal Troilo, es probablemente el tango cantado más trascendente de esa década. Como había hecho Manzi en 1950 en "Che, bandoneón" y otros letristas en tantas otras piezas anteriores, Castillo dialoga con ese fuelle de «eco funeral» donde residen los secretos del tango y de la existencia. Olvido, condena, fracaso, alcohol, aturdimiento son los elementos de esa conversación sombría, que define a la vida como «una herida absurda». Las versiones iniciales que grabó el cantor Edmundo Rivero, en 1956 con Troilo y en 1957 con Horacio Salgán, son de una rara perfección. Una lectura diferente pero asimismo memorable es la registrada en 1963 por Roberto Goyeneche, también con Troilo.

Otros tangos fundamentales de aquella etapa fueron "Una canción" (1953), con música de Troilo; "Anoche" (1954), con Armando Pontier, y "Perdóname" (1954), con Héctor Stamponi, tres obras mayúsculas que motivaron excelentes versiones (por voces tan destacadas como las de Alberto Marino, Horacio Deval, Charlo, Jorge Casal, Pablo Moreno u Oscar Alonso, entre otras). El drama de los inmigrantes italianos le inspiró piezas de gran relieve, como "Domani" (1951), con Carlos Viván, y "La cantina" (1954), con Troilo. Ya en los años '60 forjó importantes éxitos con el áspero "Desencuentro" (1962), con Troilo, y el más convencional "El último café", con Stamponi.

Con estas menciones no se agota la extensa obra creativa de Cátulo Castillo. Para evitar que queden innombrados en esta semblanza, citamos otro número de excelentes tangos con los que enriqueció los mejores repertorios: "Se muere de amor" (con Pedro Maffia), "Color de barro" (Anselmo Aieta), "Dinero, dinero" y "Malva" (Enrique Delfino), "La madrugada" (Angel Maffia), "Te llama mi violín" (Elvino Vardaro), "Una vez" (Osvaldo Pugliese), "Naná" (Emilio Barbato), "Para qué te quiero tanto" (Juan Larenza), "Rincones de París" y "Volvió a llover" (Osmar Maderna), "Burbujas" (Carlos Figari), "Maleza" (Enrique Munné), "Pobre Fanfán" (Delfino/Barbato), "Ventanal" (Atilio Stampone), "Tango sin letra" (Venancio Clauso) y "Sin ella" (Charlo). La amplia y sobresaliente nómina de compositores con los que colaboró confirma el compromiso de Cátulo con el mejor tango.

jueves, 26 de septiembre de 2013

EL PROYECTO PULQUI - El desarrollo de la industria aeronáutica en el primer peronismo...

El caso del Pulqui muestra las complejidades de desarrollar una tecnología de punta o de frontera tecnológica. Queda claro cómo juegan aspectos de índole técnica y aspectos políticos como el revanchismo de la dictadura de 1955. Vale como ejemplo pensar en lo que significa hoy la Empresa Embraer para Brasil.

Pulqui I

Por Javier R. Fernández *


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Perón impulsó el desarrollo de la industria aeronáutica, dirigiendo sus esfuerzos a reclutar científicos y tecnólogos extranjeros. La fabricación del Pulqui I y II –primer avión caza a reacción de Suramérica– fue acompañada por otros desarrollos, como la energía atómica, grandes obras de infraestructura e ingeniería civil, la creación del Instituto Antártico. Estos objetivos del gobierno peronista se vinculaban con componentes ideológicos, como la búsqueda de la autonomía económica y el acceso a las tecnologías que permitieran resolver los “problemas nacionales” –energía, salud, recursos naturales, producción, defensa–, que tenían sus raíces en la exploración y explotación del petróleo impulsada por Enrique Mosconi a partir de la década de 1920, y en el objetivo de reducir las importaciones a través de un apoyo decidido a la industria local, en la década siguiente y la producción siderúrgica impulsada por Manuel Savio. Heredero de estas concepciones, el sector aeronáutico era un sector estratégico para la política industrialista.



La producción de aviones en la Argentina se remonta a finales de la década del ’20, cuando la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba comenzó a producir aeronaves y motores extranjeros bajo licencia. La sustitución de importaciones de la década del ’30 acompañó el diseño de los primeros modelos endógenos. Más tarde, el gobierno que acabó con la Década Infame, conocido como la revolución del ’43 e integrado por Juan Domingo Perón, impulsó la producción de modelos autóctonos que favorecieran la utilización de materias primas e insumos locales, especialmente madera.



En 1946, en el marco del Plan Quinquenal se redactó una planificación específica para el Ministerio de Aeronáutica que contempló aspectos tan disímiles como el aeromodelismo a nivel escolar, el servicio meteorológico y la aviación militar. El proyecto, que comprendía el período 1947-1951, incluía la producción de una extensa gama de aviones que posibilitaban la realización de variadas misiones contempladas por la Fuerza Aérea.

Para poner en práctica el Plan, la Argentina se propuso contratar recursos humanos extranjeros. Sin reparar en purismos ideológicos –al igual que Estados Unidos y la Unión Soviética– pudo gestionar la contratación del prestigioso diseñador francés Emile Dewoitine, que por temor de ser acusado de colaboracionista había huido de Francia. En mayo de 1946, Dewoitine llegó a la Argentina y dio a luz, con la participación de personal argentino, al primer caza a reacción de Suramérica: IAe-27 Pulqui, que en araucano significa “flecha”. Durante 1946 se fabricaron las primeras piezas del prototipo y se construyó una maqueta de madera en tamaño real para pruebas en el túnel de viento del Instituto. El primer vuelo exitoso del Pulqui se produjo el 9 de agosto de 1947. A partir de los primeros vuelos, se consideró que el avión sufría una marcada falta de potencia, baja autonomía (800km) y baja estabilidad en velocidades mayores a 600km/h. No obstante, la Argentina era el segundo país del mundo –excluidos los que participaron de la Segunda Guerra– que había diseñado y construido un avión de esas características. Este hecho tendría una clara relevancia a nivel mundial. El 22 de septiembre de 1947, la aeronave fue exhibida en vuelo ante el presidente Juan Domingo Perón.



Tras la primera experiencia del Pulqui I se comenzó a desarrollar un nuevo diseño que resolviera las limitantes mencionadas. Este nuevo proyecto llevó el nombre de IAe-27 Pulqui II. Paralelamente, se estaba dando una disputa entre las potencias vencedoras por los científicos y tecnólogos alemanes que habían participado en desarrollos aeronáuticos. En este sentido, el gobierno peronista logró convocar al renombrado diseñador de la compañía Focke-Wulf, Kurt Tank, tras rechazar todo ofrecimiento de los países aliados. Tank, que logró fugarse clandestinamente de Alemania a finales de 1947 con planos de los últimos desarrollos realizados, se entrevistó con Perón y acordó la producción de una amplia serie de aeronaves, tanto de uso comercial como militar, en concordancia con lo pautado en Plan Quinquenal. Un requisito de Tank fue la contratación de dos equipos de diseñadores alemanes para que trabajaran a su cargo.

A fines de 1948 se rescindió el contrato de Dewoitine mientras que el personal argentino que se había desempeñado con él siguió en funciones desarrollando un diseño denominado IAe-27a. Por otra parte, la gente de Tank avanzaba en el diseño de un caza a partir de un proyecto previo de la Focke-Wulf, el Ta-183. A medida que avanzaron los desarrollos, se resolvió optar por el diseño del grupo alemán. Pocos meses después, el personal argentino abandonaría el Instituto Aeronáutico. El modelo elegido tenía características comparables a los desarrollos que se llevaban adelante en la URSS y EE.UU. El modelo fue bautizado IAe-33 Pulqui II y realizó su primer vuelo el 16 de junio de 1950.

El Pulqui II fue presentado en Buenos Aires en el Aeroparque de la Ciudad, donde Tank realizó un vuelo de exhibición ante una gran multitud. En el mismo acto el presidente Perón dio un discurso donde afirmó que en el Segundo Plan Quinquenal se avanzaría en el desarrollo del modelo para poder fabricar en el país “hasta el último tornillo”. La fuerza de esta imagen quedaría impresa en el imaginario de la patria peronista, tal como lo retrata Santoro en su recreación documental de los años del Pulqui.

INSTITEC JUSTICIALISTA Sport 1954 junto al IAe-27 PULQUI

Poco después, dos accidentes fatales destruyeron dos prototipos del Pulqui II. Estos hechos, sumados a la crisis económica y la decisión de constituir las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME), congelaron el desarrollo aeronáutico. El proyecto IAME perseguía sustituir bienes manufacturados importados como motos, automóviles, lanchas, tractores, motores y aviones. Además de reducir la dependencia sobre importaciones, se buscaba equilibrar la balanza de pagos, fuertemente afectada por dos sequías que habían diezmado la producción agropecuaria.

En septiembre de 1955 se produjo el golpe de Estado autotitulado Revolución Libertadora, también llamada Fusiladora por su carácter antipopular y terrorista. Tras deponer a Perón, el gobierno de facto presionó a Tank por su ingreso ilegal al país. En febrero de 1956, Tank y catorce ingenieros extranjeros abandonaron el país. Este hecho se sumaría a otros dos elementos que pondrían un freno al proyecto Pulqui. Por un lado, cuando la Fuerza Aérea Argentina consultó a IAME sobre el plazo para disponer de un lote de producción de cien IAe-33, la respuesta fue de cinco años; mientras que EE.UU. podía entregar un lote de inmediato. Por otra parte, en noviembre de 1956, el cuarto prototipo del Pulqui II tuvo un accidente cuando aterrizaba de una demostración ante oficiales de la Fuerza Aérea. El piloto sobrevivió, pero el artefacto quedó destruido.

El caso del Pulqui muestra las complejidades de desarrollar una tecnología de punta o de frontera tecnológica. Queda claro cómo juegan aspectos de índole técnica (como el diseño del avión, sus materiales y componentes) y aspectos políticos como el revanchismo de la dictadura de 1955 y todo el antiperonismo, que buscó “desperonizar la patria” golpeando un desarrollo tecnológico que habría favorecido a amplios sectores de la sociedad. Vale como ejemplo pensar en lo que significa hoy la Empresa Embraer para Brasil. Otro punto a mencionar es cómo el pragmatismo de un sector militar llevó a favorecer la compra de aviones a EE.UU. y cómo desde la gestión pública y el cortoplacismo que la caracteriza se toman decisiones que afectan a procesos estratégicos cuyos méritos y externalidades solo asoman a mediano y largo plazo.


* Ingeniero electrónico y magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universidad de Quilmes.


PELÍCULA SUGERIDA: 

"Pulqui, un instante en la patria de la felicidad. Parte 1" de Alejandro Fernández Mouján



Este film nace del encuentro del productor Marcelo Céspedes con el artista plástico Daniel Santoro. Nace como un juego y un desafió: construir un avión (objeto artístico) símbolo de una época y un proyecto de país, hacerlo volar, filmarlo. Así entonces Céspedes convoca a Alejandro Fernández Mouján y el proceso comienza. A lo largo de casi un año se filma este sueño y este film que se transforma para todos en una gran aventura ideológica, estética, cinematográfica.

lunes, 16 de septiembre de 2013

16 de septiembre de 1955: LA FURIA TOMA EL PODER

Todavía resonaba en la memoria reciente el estridente sonido de las bombas sobre la Plaza de Mayo y la Casa Rosada. Los aviones dejando a su paso una escena nunca vista en la historia argentina.


"La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene 
para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial, y las fuerzas
 del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto."

Winston Churchill

Discurso en la Cámara de los Comunes 1955.





Todavía resonaba en la memoria reciente el estridente sonido de las bombas sobre la Plaza de Mayo y la Casa Rosada. Los aviones dejando a su paso una escena nunca vista en la historia argentina. 

Imágenes del bombardeo a la Plaza de Mayo
La escena de una plaza regada de cadáveres de niños y trabajadores que, sin ser conscientes de ello, eran víctimas de un salvajismo dispuesto a todo con tal de derrocar a un gobierno democrático, elegido por el 62 % de los votos, que había hecho de su política el ascenso social de los trabajadores y la nacionalización de las riquezas nacionales - entre otras cosas - perjudicando así, los intereses de una vieja oligarquía secular que jamás perdonaría que los trabajadores pudieran plantarse y defender sus derechos. Amén de ganarle democráticamente, ya que por primera vez se organizaban en torno a un proyecto de Estado de orden nacional y popular, que se llamó peronismo, y un conductor que se llamaba Juan Domingo Perón.

Tal fue esa fuerza políticamente organizada que gravita hasta nuestros días, con los vaivenes que merecen ser analizados profundamente, pero en otra oportunidad.

Esto, los trabajadores empoderados y en ascenso, es la causa central de su respuesta homicida.

El miedo que les causa perder sus prerrogativas y el fatalismo de no poder ganar en elecciones libres, los hace actuar con furia. Pero para ello necesitaban la mano que empuñe el arma. Esa mano corrupta dispuesta a mancharse con sangre del pueblo, como confesado escarmiento pero con el sólo objetivo de reinstaurar el orden del poder económico, alineado con el poder financiero norteamericano y en sociedad con las oligarquías nativas que vieron perder sus privilegios de la década infame.


La instrumentación del golpe

Aún antes del bombardeo de junio de 1955, el gobierno peronista estuvo sujeto a acciones desestabilizadoras que incluyeron atentados con bombas en movilizaciones, desabastecimiento, denuncias de corrupción jamás comprobadas, todas ellas fogoneadas y financiadas por el departamento de estado de EEUU y el Foreign Office británico, y garantizadas con la plataforma de difusión en que se transforman los medios gráficos, cuyos dueños al día de hoy siguen siendo los mismos.

Los bombarderos pintados con el símbolo de Cristo vence

A todo esto hay que sumarle el fuerte enfrentamiento con el Vaticano, en ese momento al mando de Pío XII, y con la cúpula de la Iglesia argentina, luego de un giro de la autoridad católica romana hacia los EEUU a fin de limitar el poder de gobiernos populares en latinoamérica que "podrían acercar peligrosamente a esos países hacia el comunismo" o a ciertas formas de populismo nacionalista antinorteamericano.

Se crea el Partido Demócrata Cristiano, uno de cuyos fundadores es José Alfredo Martínez de Hoz, y se comienza a alertar desde algunos púlpitos sobre las políticas anticlericales que ven en el peronismo.

Como respuesta, Perón profundiza en los derechos civiles promoviendo la modificación del Régimen del menor y la familia, así como la ley de Divorcio Vincular; nombra al rabino Amran Blum, catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, como asesor presidencial en temas religiosos; se deroga las excepciones de impuestos y contribuciones estatales a las instituciones religiosas, conventos y colegios; se suprime la enseñanza de religión y moral en las escuelas públicas.

Todo esto lleva a movimientos de reacción y contra reacción en la calle, que suma a la sensación de caos pretendida por las fuerzas que querían desestabilizar al gobierno nacional.

Cabe destacar el contexto internacional de ese momento histórico: Los países victoriosos de la segunda guerra mundial ya habían superado la etapa de posguerra y se estaba debatiendo la articulación de dos grandes bloques. Uno capitalista y el otro bajo la órbita de Moscú. Si bien la Argentina de Perón había dado muestras expresas de pertenecer a una "Tercera posición" con otros países del mundo, esta área del planeta debía quedar sí o sí en manos de gobiernos pro-norteamericanos por lo que tenían que barrer con los líderes populares y con los movimientos obreros organizados de concepción antiimperialista.


La hora de las arpías

Los generales Eduardo Lonardi y Eugenio Aramburu junto al contralmirante Isaac Rojas gestan el golpe del 16 de septiembre de 1955 con apoyo abierto de la inteligencia británica.
Lonardi asume por menos de dos meses. Es relevado por una supuesta conducta conciliadora. Atrás se lo puede ver a Isaac Rojas


La sublevación contó con la suma de un número importante de regimientos pero no logró contar con la mayoría de las fuerzas armadas. Hubo duros enfrentamientos entre fuerzas del Ejército y la Aviación Naval en la zona de Sierra de la Ventana y combates de consideración en Bahía Blanca. Tras varios días de insurrección y al no poder imponerse numéricamente, el 19 de septiembre Rojas ordena al crucero "9 de julio" bombardear la refinería de Mar del Plata, la que arde durante días dejando un saldo de cientos de muertos.

Rojas y Aramburu, la conducción real del movimiento antidemocrático.


Con el hecho consumado ahora Rojas emplaza a Perón a renunciar ante la amenaza de bombardear las refinerías de Ensenada y Dock Sud, sus barcos son reabastecidos por buques británicos que se encontraban dando apoyo logístico al golpe.

Tiempo después, Raúl Scalabrini Ortiz escribía en la revista 'Qué sucedió en siete días': "Dos mil millones de dólares –el precio de nuestra miseria – es lo que está costando al país, hasta la fecha, el pago de la ayuda prestada por Gran Bretaña a la ‘revolución libertadora’. Quien formuló tan concreta acusación es don Rodolfo Irazusta... copartícipe de la gestión y de la responsabilidad ulterior del sangriento trastorno institucional ocurrido en 1955...’ No es posible que las espoletas de los proyectiles y el combustible de los barcos... cueste al país, como le está costando... dos mil millones de dólares.”
Rojas victorioso luego de bombardear la refinería de Mar del Plata


Perón pide asilo en el consulado del Paraguay e iniciará su exilio de 17 años. El pueblo trabajador y los más humildes quedarán otra vez bajo las garras del poder económico local y el poder financiero internacional.


Breve conclusión

No hay mejor forma de analizar los acontecimientos políticos que por sus consecuencias. En este caso, el golpe de la autodenominada "revolución libertadora" dejó su huella esparcida en las dos décadas que la sucedieron, y sentó las bases del más sangriento golpe militar de la historia argentina, allá por 1976.

Pérdida del poder adquisitivo de los salarios y de conquistas laborales, inicio del endeudamiento con el FMI, extranjerización de la economía, reinstauración de los monopolios agroexportadores, proscripción por 18 años del partido más popular de la Argentina y de su líder, fusilamiento de obreros y militares democráticos, prohibición de agremiación, entre otras medidas.

El dato estratégico más significativo se dio en el manejo del área económica. Por medio de Álvaro Alsogaray y A. Krieger Vassena se instaló el modelo de desinversión del Estado a mano de compañías extranjeras y se instala al salario del trabajador como variable de ajuste de todos los gobiernos que sucederán.
Abrazo de Rojas y Menem, todo un símbolo de la traición al ideario peronista


Años más tarde, el dogma neoliberal ganará su esplendor - a fuerza de bala y traición - de la mano de Martínez de Hoz y Cavallo...

Esta es la palpable evidencia de lo que representan los golpes de estado a gobiernos populares, con su secuela de terror, muerte, pobreza y endeudamiento que sufriera la inmensa mayoría de los argentinos y el Estado Nacional, que dejó de ir a su rescate.


El ADN destituyente

Clarín y su cita de honor
El objetivo más altruista del análisis histórico debe ser que no se repita, por lo menos en sus aspectos más negativos. De todas maneras, quizás por su modo cíclico, hay acontecimientos que tienden a repetirse una y otra vez sobre todo si están dictados por la disputa de quién detenta el poder en un país.Todos los golpes de estado a gobiernos populares y democráticos estuvieron precedidos por la instalación de malestar social, ya sea por medio de la carestía y el desabastecimiento de los alimentos, a través de campañas de denuncias sobre los gobernantes, siembra de la sensación de caos e inseguridad, y la necesaria alianza de los partidos opositores con el poder económico y mediático.

Bueno sería, apenas como un humilde homenaje a tantas víctimas de la fuerza brutal, que aprendamos a reconocer los mecanismos de la reacción antidemocrática que oscurecen y distorsionan la realidad hasta nuestros días, y a reclamar con firmeza que los poderosos se sometan a la ley permitiendo que los pueblos puedan elegir con libertad quienes los conducen en su camino hacia la soberanía política, la justicia social y la independencia económica.

Bs. As., 16 de septiembre de 2013

Fernando Triviño




viernes, 30 de agosto de 2013

La Universidad Obrera Nacional

El peronismo y la educación


En 1953 se inaugura la Universidad Obrera Nacional creada en el año 1948 a través de la Ley 13229 del 19 de septiembre de ese año, teniendo su sede en la calle Medrano 951, de la ciudad de Buenos Aires.


El mensaje del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo e ingresado a la Cámara alta detallaba que el proyecto tendría dos cometidos fundamentales: “…el de coadyuvar en la recuperación económica del país permitiendo que la industria nacional sea dirigida por técnicos argentinos y realizada por obreros argentino y también posibilitar a los trabajadores  escalar posiciones que antes les fueran ordinariamente denegadas”.
Para el ingreso a la U.O.N. además de la condición de obrero, se requería acreditar título de Técnico de Fábrica o de escuelas Industriales del Estado. Los estudios duraban cinco años y se egresaba con el título de Ingeniero de Fábrica.
Los objetivos, además de la capacitación profesional de los obreros como una reivindicación social, era la de satisfacer las necesidades de la creciente industria, proveer a la enseñanza técnica de docentes formados en la experiencia del taller, asesorar en la elaboración de planes y programas de estudio de los ciclos inferiores y en las tareas de organización, dirección y fomento de la industria nacional, promoviendo a su vez la investigación.
Estaba organizada en facultades regionales en todo el País, siendo su sede central la Facultad Regional Buenos Aires. Simultáneamente se pusieron en marcha en Santa Fe, Rosario y Córdoba, sumándose posteriormente las de Mendoza, Bahía Blanca, La Plata, Tucumán y  Avellaneda.
Los decanos de estas facultades cumplían con la condición de obreros exigida por el Reglamento de la Universidad y la mayoría provenía del gremialismo.
Las distintas facultades se especializaron en Construcciones de Obras, Hormigón Armado, Obras Sanitarias, Construcciones Mecánicas, Automotores, Transportes y Mecánica Ferroviaria, Instalaciones Eléctricas, Construcciones Electromecánicas, Construcciones Aeronáuticas, Industrias Textiles, Industrias Químicas, Construcciones Navales, Mecánica Rural, Electrotécnica, Construcciones Antisísmicas y Telecomunicaciones.
Fue sorprendente la cantidad de aspirantes, ya en 1953 ingresaron 676 alumnos y en 1955 la cifra se elevó a 1.956. El espacio que la Universidad Obrera Nacional generó fue ampliándose a través de  la creación de dependencias nuevas, como lo fueron la Federación Argentina de Estudiantes de la U.N.O., su Oficina de Prensa y Difusión, el Instituto de Extensión Cultural y Técnica, el Departamento Técnico y Didáctico y la Secretaría Gremial de la universidad.
Posteriormente al golpe de 1955, la U.O.N comenzó a ser llamada Universidad Tecnológica Nacional, y con ley de 1959 tomó definitivamente esa denominación.
El presidente Perón ya había manifestado en 1943, “…hemos de crear la Universidad Obrera para formar los técnicos del porvenir…”. Con su apertura  se abría a sectores hasta entonces marginados del ciclo universitario nuevas expectativas, y les daba la esperanza de integrar un ámbito que tradicionalmente le era hostil a sus posibilidades de futuro.
La Universidad  Obrera habría así de modificar una situación absurda: la de un país que perseguía su desarrollo industrial independiente, pero que formaba todo tipo de profesionales más que técnicos.
Los vaivenes políticos posteriores a 1955 no pudieron tapar la importancia fundamental que para nuestro país significó la Universidad Obrera Nacional, y a pesar de la asfixia presupuestaria que padeció y la lucha por la subsistencia permitió con su permanencia el posterior crecimiento de su ámbito y que hoy conocemos como Universidad Tecnológica Nacional., que con sus treinta sedes a lo largo del país es la universidad más federal, representando un formidable potencial único en su tipo en el País.
Como lo expresara en el debate en la legislatura (1948) el diputado Bustos Fierro consignó que la Universidad Obrera “… otorgaba a la clase proletaria aquello que le había sido secularmente negado: el acceso al mundo de la técnica, de la ciencia y de la cultura…” y el diputado  Ricardo Guardo finalizaba su disertación diciendo “…la Universidad Obrera como continuación de la enseñanza de oficios, abre para todos los hogares argentinos el camino de la superación…”. El Estado brindaba así en forma concreta la posibilidad de cultivar el grado natural de inteligencia de cada uno de los habitantes del país, para que el saber esté al alcance tanto de los más modestos como de los más poderosos.
De esta forma, se completaban todos los ciclos para la formación de operarios especializados,  técnicos (Escuelas Técnicas) sumando ahora el nivel terciario, indispensables para acompañar y nutrir con mano de obra y profesionales nacionales el proceso de industrialización y crecimiento acelerado que se daba en nuestro país.
A sesenta años de su fundación puede comprenderse y valorarse la iniciativa del gobierno del General Perón y sus colaboradores, convirtiendo a la Universidad Obrera Nacional  en la herramienta fundamental para la educación de las  generaciones que de allí egresaran y que hoy continúa formando, otorgando títulos que alcanzan el mayor prestigio profesional.

José María Di Giorno
[Texto gentileza de Rodolfo Brieba]


Fuente: Agenda de Reflexión