El caso del Pulqui muestra las complejidades de desarrollar una
tecnología de punta o de frontera tecnológica. Queda claro cómo juegan aspectos
de índole técnica y aspectos políticos como el revanchismo de la dictadura de
1955. Vale como ejemplo pensar en lo que significa hoy la Empresa Embraer
para Brasil.
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| Pulqui I |
Por Javier R. Fernández *
Al finalizar la Segunda Guerra
Mundial, el gobierno de Perón impulsó el desarrollo de la industria
aeronáutica, dirigiendo sus esfuerzos a reclutar científicos y tecnólogos
extranjeros. La fabricación del Pulqui I y II –primer avión caza a reacción de
Suramérica– fue acompañada por otros desarrollos, como la energía atómica,
grandes obras de infraestructura e ingeniería civil, la creación del Instituto
Antártico. Estos objetivos del gobierno peronista se vinculaban con componentes
ideológicos, como la búsqueda de la autonomía económica y el acceso a las
tecnologías que permitieran resolver los “problemas nacionales” –energía,
salud, recursos naturales, producción, defensa–, que tenían sus raíces en la
exploración y explotación del petróleo impulsada por Enrique Mosconi a partir
de la década de 1920, y en el objetivo de reducir las importaciones a través de
un apoyo decidido a la industria local, en la década siguiente y la producción
siderúrgica impulsada por Manuel Savio. Heredero de estas concepciones, el
sector aeronáutico era un sector estratégico para la política industrialista.
La producción de aviones en la Argentina se remonta a
finales de la década del ’20, cuando la Fábrica Militar de
Aviones de Córdoba comenzó a producir aeronaves y motores extranjeros bajo
licencia. La sustitución de importaciones de la década del ’30 acompañó el
diseño de los primeros modelos endógenos. Más tarde, el gobierno que acabó con la Década Infame ,
conocido como la revolución del ’43 e integrado por Juan Domingo Perón, impulsó
la producción de modelos autóctonos que favorecieran la utilización de materias
primas e insumos locales, especialmente madera.
En 1946, en el marco del Plan
Quinquenal se redactó una planificación específica para el Ministerio de
Aeronáutica que contempló aspectos tan disímiles como el aeromodelismo a nivel
escolar, el servicio meteorológico y la aviación militar. El proyecto, que
comprendía el período 1947-1951, incluía la producción de una extensa gama de
aviones que posibilitaban la realización de variadas misiones contempladas por la Fuerza Aérea.
Para poner en práctica el Plan,
la Argentina
se propuso contratar recursos humanos extranjeros. Sin reparar en purismos
ideológicos –al igual que Estados Unidos y la Unión Soviética –
pudo gestionar la contratación del prestigioso diseñador francés Emile
Dewoitine, que por temor de ser acusado de colaboracionista había huido de
Francia. En mayo de 1946, Dewoitine llegó a la Argentina y dio a luz,
con la participación de personal argentino, al primer caza a reacción de
Suramérica: IAe-27 Pulqui, que en araucano significa “flecha”. Durante 1946 se
fabricaron las primeras piezas del prototipo y se construyó una maqueta de
madera en tamaño real para pruebas en el túnel de viento del Instituto. El
primer vuelo exitoso del Pulqui se produjo el 9 de agosto de 1947. A partir de los
primeros vuelos, se consideró que el avión sufría una marcada falta de
potencia, baja autonomía (800km) y baja estabilidad en velocidades mayores a
600km/h. No obstante, la
Argentina era el segundo país del mundo –excluidos los que
participaron de la
Segunda Guerra – que había diseñado y construido un avión de
esas características. Este hecho tendría una clara relevancia a nivel mundial.
El 22 de septiembre de 1947, la aeronave fue exhibida en vuelo ante el
presidente Juan Domingo Perón.
Tras la primera experiencia del
Pulqui I se comenzó a desarrollar un nuevo diseño que resolviera las limitantes
mencionadas. Este nuevo proyecto llevó el nombre de IAe-27 Pulqui II.
Paralelamente, se estaba dando una disputa entre las potencias vencedoras por
los científicos y tecnólogos alemanes que habían participado en desarrollos
aeronáuticos. En este sentido, el gobierno peronista logró convocar al
renombrado diseñador de la compañía Focke-Wulf, Kurt Tank, tras rechazar todo
ofrecimiento de los países aliados. Tank, que logró fugarse clandestinamente de
Alemania a finales de 1947 con planos de los últimos desarrollos realizados, se
entrevistó con Perón y acordó la producción de una amplia serie de aeronaves,
tanto de uso comercial como militar, en concordancia con lo pautado en Plan
Quinquenal. Un requisito de Tank fue la contratación de dos equipos de
diseñadores alemanes para que trabajaran a su cargo.
A fines de 1948 se rescindió el
contrato de Dewoitine mientras que el personal argentino que se había
desempeñado con él siguió en funciones desarrollando un diseño denominado
IAe-27a. Por otra parte, la gente de Tank avanzaba en el diseño de un caza a
partir de un proyecto previo de la Focke-Wulf , el Ta-183. A medida que avanzaron
los desarrollos, se resolvió optar por el diseño del grupo alemán. Pocos meses
después, el personal argentino abandonaría el Instituto Aeronáutico. El modelo
elegido tenía características comparables a los desarrollos que se llevaban
adelante en la URSS
y EE.UU. El modelo fue bautizado IAe-33 Pulqui II y realizó su primer vuelo el
16 de junio de 1950.
El Pulqui II fue presentado en
Buenos Aires en el Aeroparque de la
Ciudad , donde Tank realizó un vuelo de exhibición ante una
gran multitud. En el mismo acto el presidente Perón dio un discurso donde
afirmó que en el Segundo Plan Quinquenal se avanzaría en el desarrollo del
modelo para poder fabricar en el país “hasta el último tornillo”. La fuerza de
esta imagen quedaría impresa en el imaginario de la patria peronista, tal como
lo retrata Santoro en su recreación documental de los años del Pulqui.
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INSTITEC JUSTICIALISTA
Sport 1954 junto al IAe-27 PULQUI
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Poco después, dos accidentes
fatales destruyeron dos prototipos del Pulqui II. Estos hechos, sumados a la
crisis económica y la decisión de constituir las Industrias Aeronáuticas y
Mecánicas del Estado (IAME), congelaron el desarrollo aeronáutico. El proyecto
IAME perseguía sustituir bienes manufacturados importados como motos,
automóviles, lanchas, tractores, motores y aviones. Además de reducir la
dependencia sobre importaciones, se buscaba equilibrar la balanza de pagos,
fuertemente afectada por dos sequías que habían diezmado la producción
agropecuaria.
En septiembre de 1955 se
produjo el golpe de Estado autotitulado Revolución Libertadora, también llamada
Fusiladora por su carácter antipopular y terrorista. Tras deponer a Perón, el
gobierno de facto presionó a Tank por su ingreso ilegal al país. En febrero de
1956, Tank y catorce ingenieros extranjeros abandonaron el país. Este hecho se
sumaría a otros dos elementos que pondrían un freno al proyecto Pulqui. Por un
lado, cuando la Fuerza
Aérea Argentina consultó a IAME sobre el plazo para disponer
de un lote de producción de cien IAe-33, la respuesta fue de cinco años;
mientras que EE.UU. podía entregar un lote de inmediato. Por otra parte, en
noviembre de 1956, el cuarto prototipo del Pulqui II tuvo un accidente cuando
aterrizaba de una demostración ante oficiales de la Fuerza Aérea. El
piloto sobrevivió, pero el artefacto quedó destruido.
El caso del Pulqui muestra las
complejidades de desarrollar una tecnología de punta o de frontera tecnológica.
Queda claro cómo juegan aspectos de índole técnica (como el diseño del avión,
sus materiales y componentes) y aspectos políticos como el revanchismo de la
dictadura de 1955 y todo el antiperonismo, que buscó “desperonizar la patria”
golpeando un desarrollo tecnológico que habría favorecido a amplios sectores de
la sociedad. Vale como ejemplo pensar en lo que significa hoy la Empresa Embraer
para Brasil. Otro punto a mencionar es cómo el pragmatismo de un sector militar
llevó a favorecer la compra de aviones a EE.UU. y cómo desde la gestión pública
y el cortoplacismo que la caracteriza se toman decisiones que afectan a
procesos estratégicos cuyos méritos y externalidades solo asoman a mediano y
largo plazo.
*
Ingeniero electrónico y magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universidad de Quilmes.
FUENTE: Página 12 - Suplemento Cash
PELÍCULA SUGERIDA:
"Pulqui,
un instante en la patria de la felicidad. Parte 1" de Alejandro Fernández Mouján
Este film nace del encuentro
del productor Marcelo Céspedes con el artista plástico Daniel Santoro. Nace
como un juego y un desafió: construir un avión (objeto artístico) símbolo de
una época y un proyecto de país, hacerlo volar, filmarlo. Así entonces Céspedes
convoca a Alejandro Fernández Mouján y el proceso comienza. A lo largo de casi
un año se filma este sueño y este film que se transforma para todos en una gran
aventura ideológica, estética, cinematográfica.





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